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(Fotog. de librodearena)
Breve paisaje vertebrado por la Hermosa España Orteguiana.
Comienza mi periplo en tierras clarinianas con su paisaje, a veces, frondoso y espeso al igual que la prosa de La Regenta.
Luego aparece ante mis ojos la larga y ancha Castilla con la amplitud casi sin límites de un endecasílabo ampuloso y glorioso de Rubén Darío y, al mismo tiempo, parca en vegetación y en variedad de paisaje cual austeridad penitencial delibesiana.
Ah, Madrid! faraónica y napoleónica, estrecha en horizonte y con vistas al cielo... por sus rascacielos? Edificios que parecen escapar del suelo como jardines de girasoles.
Luego, se repite la soledad castellana manchega del Hidalgo. En estos tiempos, él mismo plantaría molinos al viento pues, aunque su envidiable locura no lo entendiera, necesitamos energías renovables..., dicen.
Mas al fin, llego al levante de luminosidad casi soberbia, sorollana, envolvente, en horas punta hasta un pelín molesta, y aliñada con agradables aromas frutales.
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Vuelvo a ver Moros... y Cristianos, y no puedo evitar compararlos con nuestros partidos mayoritarios.
Con bombo y platillos muestran como pavos reales sus abalorios y estandartes. Una pregunta: ¿serían aquellos de antaño corruptos como los actuales? Creo que en ese tema no hemos avanzado mucho.